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PARÍS: SAGRADO CORAZÓN (SACRÉ COEUR)

BASÍLICA DEL SAGRADO CORAZÓN (SACRÉ COEUR)

Uno de los lugares sagrados más importantes de París, situada en Montmartre. Si no quieres subir por los escalones puedes utilizar el funicular que solo te costará un ticket plus, vaya, como si cogieses el metro, aunque lo típico es subir a pie. 


El barrio de Montmatre es el barrio de los pintores, aunque actualmente está muy desmejorado ya que todo está enfocado al turismo. Se puede comer o cenar por poco dinero, unos 15 euros.



METRO: ANVERS. Línea 12
Entrada gratuita.

Es indispensable pasear por el barrio. Luego, bajas por cualquier callejuela del barrio (no por los escalones que has subido) e iras a parar directamente al mítico cabaret Moulin Rouge.

TE ACONSEJO NO PASAR DE LA PUERTA YA QUE LA ENTRADA CUESTA 200 EUROS. 


Andrey Bely escribió sobre el Moulin Rouge en una carta de 1906 dirigida a Alexander Blok, describiéndolo como la «Taberna del Infierno», un lugar donde los lacayos visten como demonios:
Osaría algunas veces salir de mi sepulcro para ir a las sesiones de jazz nocturno de París, donde asimilando por los colores, reflexionaría acerca de ellos en frente del fuego. Yo podría ser visto caminando a través de un pasillo fúnebre de mi casa, y descendiendo por una oscuro espiral de escarpadas escaleras; acometiendo clandestinamente a Montmartre, impaciente por ver los rubíes ardientes del cruce del Moulin Rouge. Vagué por ahí, luego compre una entrada para observar el delirio frenesí de plumas, vulgares labios pintados y pestañas negras y azules. Pies desnudos, muslos, brazos, y los pechos se arrojaban sobre mí a través de espuma roja-sangre de ropas translúcidas. Los tuxedos y las narices torcidas vestidas en chalecos blancos y pañoletas que llenarían el pasillo, con sus manos plantadas en los bastones. Entonces me hallé a mí mismo en un pub, donde los licores eran servidos en un féretro (no en una mesa) por el mismísimo diablo: «bébala, desgraciado!» Habiendo bebido, volví bajo el cielo negro dividido por las franjas llameantes, con las cuales las agujas radiantes de mis pestañas marcaron. Delante de mi nariz una corriente de bombines y velos negros seguían su pulsación, espumeando verde azulado y naranja cálido de las plumas que llevaban las bellezas de la noche: para mí ellos eran todos uno mismo, pues tuve que cerrar mis ojos por la insoportable radiación de las lámparas eléctricas, cuyas agitadas llamas estarían bailando debajo de mis párpados nerviosos por muchas noches por venir...

El Museo del Louvre lo podemos dejar para cualquier día, pero tenemos que estar a primera hora, hacía las 9.

MUSEO DEL LOUVRE: